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Planes de apertura

El Sueño

Entrevista de Ramón Rodríguez (Houston) a Indira Vásquez Jonte (Mucuchíes) — vía WhatsApp desde Buenos Aires, 15 de marzo de 2026

Chef Indira Vásquez

"Venezuela es grande, pero todo cabe en un plato"

— Indira Vásquez

Dos tierras, un sabor

Indira nació en Margarita, rodeada de mar, pescado fresco y el olor a coco. Su abuela la enseñó a hacer arepas en fogón desde los ocho años. “Si lo haces con cariño, sale rico”, le decía, mientras la pequeña Indira pelaba yuca con un cuchillo más grande que su mano.

Los domingos eran de parrillas familiares. Hacían tequeños, mariscos, chimichurri, ensaladas. Su abuelo Jonte, un gallego, trajo la tradición de la empanada gallega —cerdo, pimentón, cebolla— que se convertía en el plato especial cada vez que llegaban visitas. Su mamá era la reina de los panes, las mandocas y las empanadas. “Con los postres, ni ella ni yo”, confiesa Indira riendo. “Lo mío es la comida de verdad.”

Pero la vida la trajo a los Andes. Primero por amor, luego por trabajo, y de repente Mucuchíes se le metió en el corazón. “Aquí el aire es frío, las papas son dulces, la trucha sale del río y el queso se hace en la casa del vecino. Es otro ritmo, más tranquilo, pero igual de vivo.”

La escuela de la vida

La cocina le entró “por la puerta de atrás”, dice. Estudió administración, trabajó en bancos, tiendas, hasta en una ferretería. Pero cuando llegó a los Andes, algo cambió. Se inscribió en una escuela de gastronomía en Mérida —“nada fancy”, aclara— donde aprendió lo básico: cortes, temperaturas, cómo no quemar una arepa en plancha.

Y luego vino Balcones de la Musui, en el Bar de Bartolo. Un lugar casero que le abrió los ojos. “Ahí vi cómo la gente se juntaba por un caldo de gallina o un pabellón. No era solo comida, era compañía.” Esa experiencia selló lo que ya sabía: cocinar es dar de ti.

“Empecé de niña por necesidad, aprendí profesionalmente por curiosidad, y en los Andes se me metió el corazón.”

"Cuando preparo un plato, mezclo lo que me enseñó mi abuela con lo que me enseñaron los vecinos: el pescado con hierbas andinas, el queso fresco en la arepa. Es como si Margarita y Mucuchíes se dieran la mano en el plato."

El restaurante: rápido pero con alma

El Quinto Sabor no es un fast food de cadena, ni un restaurante de mantel largo. Es algo en medio: semi-fast-food con alma casera. Comida rápida en el tiempo —porque la gente en Mucuchíes no quiere esperar una hora— pero con el sabor de casa, como si te la preparara tu mamá.

Algunos platos los prepara en su cocina: un guiso de carne con papa andina, un pabellón criollo con toques de coco. En el local los termina al momento: el queso fresco, el plátano frito, un chorrito de guasacaca que pica justo. Otros, como la trucha asada o las arepas rellenas, salen frescos de la plancha.

“¿Para quién? Para todos. Para el turista que viene por el páramo y quiere algo rico sin complicaciones, para el vecino que pasa después del trabajo y dice ‘Indira, dame algo que me llene el alma’, y para los muchachos que quieren comer bien pero no tienen tiempo.”

“No es gourmet... es de barrio, pero de barrio bueno.”

Los sabores que van a volver

Le preguntamos qué platos van a quedar en la mente de los comensales. No lo duda:

El cochino frito con cachapa —“eso es como un abrazo andino con sabor a fiesta. Crujiente por fuera, jugoso por dentro, con esa cachapa tierna que se deshace en la boca.”

La trucha andina al estilo margariteño: asada con limón, ajo y un chorrito de coco rallado de la costa, con papitas andinas dulces y un toque de ají dulce —“no picante fuerte, sino ese aroma suave que pica poquito y huele a hogar.”

Las caraotas con leche de coco —caraotas negras cocinadas en leche de coco— un plato caribeño que Indira trae de Margarita y que conecta el mar con la montaña en cada cucharada.

Y el pabellón criollo, porque “es un plato tradicional, tiene un precio más accesible, es bastante cargado” y conecta con todos.

Hay algo más: una pimienta especial de los Andes, semillas negras de una flor amarilla local, entre pimienta y sal, que come la gente del pueblo con papa. Ese ingrediente secreto que solo existe aquí.

Guiso rústico
Ceviche
Cazuela de mariscos

Mar y montaña en el plato

El peso de lo andino será grande —papa fresca, trucha del río, queso de la finca de al lado— pero Indira no quiere que sea solo comida de montaña. “Quiero que el mar entre de puntillas, como un recuerdo.”

La gente de Mucuchíes ya conoce el mar. Van a las playas en vacaciones, prueban ceviche, se enamoran del limón y el cilantro fresco, y vuelven con ganas de más. Indira lo sabe: no va a imponer, va a darles lo que ya conocen, pero mejorado. Un ceviche de trucha —de río, no de mar— con pimienta andina, cebolla morada local y un toque de coco.

“Abrir El Quinto Sabor es como cerrar un círculo que empezó hace mucho. Siento que tengo que unir las dos partes de mí: el sabor salado del mar con el calorcito de la montaña.”

Nervios, no miedo

“¿A qué le tengo nervios? No es miedo”, aclara. Lo que le preocupa es lo que pasa en toda cocina: que algo salga crudo, que algo salga mal. Pero lo ve como adrenalina buena, la que mantiene alerta. “Yo voy a atender, pero también quiero estar dentro de la cocina viendo, probando, entrenando a la gente. Me gusta ser líder.”

Su estrategia para la apertura: dar todo en la primera impresión. “La primera impresión es la que vale. Convencer al cliente, tener la manga lista, un extra: ‘Mire, ven, invito, toma esto, va por la casa.’ El cliente decide si le gusta o no.”

Y lo que sueña: que la gente vuelva. Que se sientan satisfechos. Seguir creciendo.

"Aquí la gente me dice: Indira, hazlo tuyo. Y yo les digo: No, lo hago nuestro."

Temporada de apertura

El Quinto Sabor abrirá sus puertas durante la temporada alta de Mucuchíes — de noviembre a Semana Santa — cuando el pueblo se llena de turistas de Caracas, Valencia y más allá, todos buscando el frío del páramo y el calor de un buen plato.